Chistes - Monólogos

Publicado por Carmen
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Lo que nadie te ha contado de la lactancia materna


Ya está aquí, tras meses de búsqueda y después de tenerlo nueve meses en tu vientre tu hijo ha llegado para cambiarte la vida por completo. Si eres de las que se cree que tu vida va a volver a ser igual, te lo confirmamos, estás completamente equivocada.
Ahora vivirás por y para es pequeño ser que se agarra a tu pecho como si no hubiera mañana. Cual ventosa de pulpo pegada en una roca, tu churumbel se pegará a ti como si fuese en canguro.
Papá está muy bien, pero solo para un momento y que sea corto, por favor.
Después de asistir a las clases preparto y a las charlas de la matrona, has decidido que tú quieres alimentar a tu hijo. La naturaleza es sabia, te han dicho los que saben del tema y estás sobradamente preparada para hacer crecer a tu hijo.
Y ahí estás, después de haber pasado el peor momento de tu vida, con una personita que acabas de conocer que afortunadamente formará parte del resto de tu vida y que te necesita para seguir adelante.
Llega el momento de ponerlo al pecho, ese momento en que comenzará a brotar el alimento, tu bebé lo succionará perfectamente y los violines sonarán en tu cabeza mientras se establece esa unión que nada ni nadie puede romper. Lo pones como puedes porque tu cuerpo no está para mucho meneo, y.... y nada! El crío no sabe como hacerlo, tú comienzas a desesperarte mientras tu pequeñín comienza a gruñir enfadado.
La enfermera te apremia diciendo,ese niño tiene hambre, y tú que sabes que no conseguirás.
El tono de ese pequeño comienza a subir, pero como una cosa tan pequeña puede tener ese timbre tan alto.
Donde está eso que llaman la subida de la leche? Qué si, que se supone que tus pechos tienen que ser dos cántaros a rebosar. Pues no, cuando después de un buen rato de lucha el pequeñajo consigue engancharse allí no hay nada que parezca calmarlo.
Depués de llevar un día a su día, tu pecho comienza a reaccionar. Y de qué manera! Dos rocas están adheridas a tu cuerpo, y parece que solo una carga de dinamita conseguirá acabar con ellas.
Paciencia, los violines todavía no han comenzado a sonar, pero seguro que lo harán. Si todo el mundo lo dice, es de las mejores cosas de ser madre, que si mujer.
Qué si narices, con lo fácil que es eso de los biberones, que así no duele.
Después de unos días, ya estáis en casa, tu cuerpo se va adaptando a la nueva situación y entonces te das cuenta que esa cosita tan pequeña, jamás se ve satisfecha. Nunca es suficiente, una hora después de estar pegada a ti sigue queriendo más y más.
Todo pasa, son crisis de crecimiento y pasarán.
Las noches son lo más emocionante, mientras luchas por despegarlo de ti y haces equlibrios para dejarlo en la cuna, el mínimo ruido se encarga de despertarlo. Y vuelta a empezar.
Nadie te había contado esto, qué llevas dos meses sin dormir y cuando por fin consigues hacerlo ese pequeño te vuelve a recordar que ahí está, qué no te duermas mami, que tengo sed, que tengo hambre.
Y qué me dices de los momentos fuera de casa? Pleno invierno, llueve a cantaros, hace un frío que pela y la idea de dejar esa parte de tu anatomía al descubierto no te hace la más mínima gracia. Cuando llega el momento de hacerlo, entonces notas la mirada de las remilgadas a las que no les parece bien, o de las miradas despistadas de algún hombre que lejos te observar un momento tierno.
Pasan los meses y después de un tiempo esto ya es pan comido; bueno, pan comido si obviamos las peleas con ese invento del demonio llamado sacaleches.
Todo un mundo el que has descubierto, manual, eléctrico, de dos salidas con una. Todo para facilitar tus interminables noches en vela.
Noches que no podrás alegrar con una copita o con un cigarrillo, recuerda que todo, absolutamente todo lo que entra por tu boca sale por tu pecha a la boca de tu hijo.
Que te comes garbanzos, él tiene gases; que comes cebolla, a él le huele el aliento y ni se te ocurra comer algo que tenga un sabor un poco fuerte, porque el pequeñín notará que tu leche no tiene ese sabor que tanto le gusta y te lo hará saber.
Una vez que todas las normas están claras y meridianas, decides que ya está bien. Tu hijo ya es capaz de comerse un filete o un plato de macarrones, quieres volver a ser dueña de tu cuerpo. Ha llegado el momento del destete. Eso que te contaron que se produciría de forma natural y voluntaria. Pero es que tu hijo está muy a gustito durmiéndose en el colo de mami y no está por la labor.
Nadie te lo ha dicho, pero tu pecho ha pasad a ser su consuelo, su mejor somnífero, la mejor manera de controlar a mamá, y la forma perfecta de calmar su hambre, su sed o sus mimos.
Lo es todo para él y si piensas que se va a desprender de él con facilidad estás muy equivocada. Comienza una lucha entre los dos y si no lo sabes, te lo contamos, tienes todas las de perder, Ese piojillo es pequeño pero sabe muy bien lo que quiere, y no va a dejarlo marchar con facilidad.
Si lo consigues, me cuentas como lo has hecho.
Fdo: mamá lactante de una pequeña dictadora de 26 meses, conocedora de esa realidad llamada lactancia, con partes oscuras que nadie te cuenta.






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